Noticias 48 – 10
Stiglitz, J. E. (2025): Camino de libertad. La economía y la buena sociedad. Ed. Taurus. Barcelona
(Por Carlos Ochando Claramunt, Departamento de Economía Aplicada-Política Económica-Universitat de València)
Reseñamos el último libro de un autor que no necesita presentación porque es de sobra conocido en el mundo académico de la Economía. Por si todavía hay alguien que no lo conoce, diremos que Joseph E. Stiglitz es profesor de la Universidad de Columbia y economista jefe del Instituto Roosevelt; fue presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Clinton y fue economista jefe del Banco Mundial. Stiglitz ha desarrollado, a lo largo de su larga trayectoria, un cierto espíritu crítico con el enfoque predominante en la ciencia económica convencional y también con los resultados (ineficientes e injustos) de la economía de libre mercado (especialmente, con la que él llama “economía de mercado desbocada” sin regulaciones ni contrapesos). Este enfoque crítico con la Economía mainstream lo ha ido desgranando en sus conocidos libros El malestar en la globalización, El precio de la desigualdad, Caída libre o Capitalismo progresista, entre muchos otros.
El libro se estructura en tres partes. En la primera, titulada La libertad y ser libre. Principios básicos, reflexiona sobre el concepto de libertad, tanto el utilizado por lo que él llama derechas o conservadores, como sobre el concepto de “libertad como ampliación de oportunidades” que acaba defendiendo en el libro.
La segunda parte del libro se titula Libertad, creencias y preferencias, y la creación de la buena sociedad. El ella, Stiglitz vuelve a tratar temas que le parecen fundamentales para construir su “teoría” de la libertad. De nuevo analiza temas como la conformación social de las creencias y preferencias, la cohesión social, la libertad de información, la importancia de la verificación de la verdad en un sistema democrático, el rol que juegan las redes sociales, la información transparente, los límites de la tolerancia, etc.
Finalmente, en la tercera parte construye su propuesta alternativa. Se titula ¿Qué tipo de economía promueve una sociedad buena, justa y libre? A partir de la constatación de que el capitalismo neoliberal ha fracaso y es insostenible, Stiglitz aboga por un capitalismo progresista de corte socialdemócrata.
Tengo la impresión de que el libro recientemente publicado Camino de libertad. La economía y la buena sociedad es un compendio (no sabemos si final o no) de todo el pensamiento acumulado por Stiglitz en su larga trayectoria académica. Este estilo “compendio” contribuye a que el libro se torne, en ocasiones, repetitivo, confuso y desordenado. Y no solo, repetitivo con el resto de los libros anteriores del autor, sino repetitivo con el propio contenido del libro. Este repaso de los temas – sabidos y conocidos por otros libros anteriores del autor- no aporta una gran originalidad al libro, más allá de recoger en un solo volumen todas las claves fundamentales del pensamiento económico del autor. El libro tiene un hilo conductor que sí es coherente y, relativamente, original. Desde la creencia de que el Neoliberalismo ha fracasado y es claramente insostenible, el autor trata de fundamentar una idea de libertad diferente a la defendida por el pensamiento económico liberal. El concepto de libertad que defiende Stiglitz es considerar que la libertad de una persona equivale a la falta de libertad de otra. O dicho de otra manera, que la libertad de una persona se produce a menudo a costa de la libertad de otra. Es siempre un “trade-off”. Esa idea es interesante. Sin embargo, no es tan original porque, en el fondo, es la vieja idea defendida por los profesores de Política Económica de que cualquier decisión pública (y privada) implica siempre ganadores y perdedores. Es la misma idea, pero, en lugar de aplicarla a los resultados distributivos, Stiglitz la aplica a los diferentes grados de libertad que puede disfrutar un individuo. Y tampoco es tan original porque ya sabíamos, por muchos otros autores anteriores, que existen las libertades negativas (lo que perdemos cuando no podemos tomar decisiones ni desarrollar nuestro potencial como personas) y las libertades positivas (la libertad para desarrollar el propio potencial y aumentar nuestras oportunidades y capacidades). Estas últimas requieren el disfrute de una renta mínima y el acceso a la educación y sanidad, entre otros bienes básicos. Stiglitz defiende esta segunda versión de la libertad. Pero muchos otros autores -entre ellos, Amartya Sen y Rawls- lo habían hecho mucho antes. Por eso decimos que esa idea motriz del libro – aunque interesante- no es del todo original. Tampoco es original en la herramienta elegida para fundamentar su “buena idea de libertad” que es el “velo de la ignorancia”, una metodología ya utilizada por Rawls en su teoría de la justicia en 1971.
El libro acaba defendiendo que la solución a los conflictos y problemas económicos es lo que Stiglitz llama “capitalismo progresista”, que viene a ser como una “socialdemocracia revitalizada”. Este modelo social estaría centrado en la igualdad, la justicia social y la democracia. Tampoco parece muy original ni muy alternativa (en los tiempos que corren sí) la propuesta socialdemócrata. Más de un siglo de existencia tiene la socialdemocracia, construyendo un mundo mejor basado, entre otras cosas, en un modelo de Estado de bienestar amplio y universal. Pienso que otra de las debilidades del libro es la ingenuidad del autor cuando habla (o, más bien, no habla) de la implantación de su alternativa. Parece que solo con nombrarla se va a llevar a cabo. Pero es que el autor ni nos dice cómo llevar su alternativa progresista a la práxis (no hay medidas de política económica concretas) ni creo que tiene suficientemente en cuenta el actual contexto social y político liderado por las nuevas derechas, que día a día reman en contra de cualquier propuesta progresista -y parece que están ganando la batalla-.
Más allá de una propuesta filosóficamente aceptable (vaya por delante que, por supuesto, quién escribe esta reseña está de acuerdo con la alternativa progresista socialdemócrata defendida por el autor), no hay realismo político-económico ni propuestas concretas que auguren una buena viabilidad política en los tiempos derechizados que corren. Es como un brindis al sol. No obstante, y sin duda, un buen brindis para fundamentar, desde luego, una mejor economía y una mejor sociedad. Yo también hago mi brindis final: ¡ojalá los políticos, votantes, ciudadanos y organismos internacionales escuchasen más sus palabras y llevasen a la práctica las propuestas de Stiglitz! El mundo sería un poco mejor, más habitable, cohesionado y justo.




