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Economic Policy and the History of Economic Thought (2023), Editado por Stavros Drakopoulos y Ioannis Katselidis, Routledge

(Por Ferran Moncho Gonzálbez, Departamento de Economía Aplicada -Política Económica- Universitat de València)

A pesar de que, en principio, las intervenciones del estado en la economía suelen reflejar el pensamiento económico de un determinado contexto histórico, la relación entre historia del pensamiento económico y política económica no es directa. De este complejo vínculo ha tratado de ocuparse la obra Economic Policy and the History of Economic Thought (2023), editada por Stavros Drakopoulos y Ioannis Katselidis. A lo largo de sus 15 capítulos, un conjunto variado de autores realiza un repaso por la historia del pensamiento económico, abarcando desde la antigüedad hasta la actualidad para vislumbrar esta conexión.

A modo de introducción, en el primer capítulo se anticipa el enfoque que se seguirá a lo largo la obra, indicando que esta no posee pretensiones sistematizadoras. Después de esta advertencia se justifica el interés de la obra afirmando que el pensamiento económico como disciplina resulta de actualidad, dado que se ha intensificado su conexión con la política económica, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial. El atrevimiento de esta idea termina ubicando el origen de la Política Económica como disciplina científica en esa misma época, vinculándola a John Maynard Keynes y catalogándola de “subcampo académico” (p.2). Pero la debilidad de esta visión está realmente servida si tenemos en cuenta los capítulos 3 y 8, en los cuales se desdibujan las raíces de la Política Económica como disciplina autónoma de la Economía Política. Ello sucede al tratar el cameralismo de forma anecdótica, en el capítulo 3, y posteriormente al restringir gran parte de la aportación de Karl H. Rau sobre la Política Económica, en el capítulo 8. En esta maniobra el trasfondo de la reflexión se inclina hacia una visión ortodoxa del pensamiento económico, considerando la Política Económica como mera aplicación de la Teoría Económica, es decir, como Economía Aplicada. Y ello a pesar de que se dedica espacio para las corrientes heterodoxas: historicismo alemán, institucionalismo y algunas heterodoxias poskeynesianas desde posguerra hasta la actualidad.

Por otro lado, siguiendo el orden cronológico de la obra, en el capítulo 2 se trata la prehistoria de la economía con la ventaja de contrastar la antigüedad clásica grecorromana, la época medieval y el pensamiento económico surgido en China, Corea y Japón vinculado a la ética confuciana.

A continuación, Cosimo Perrotta en el capítulo 3 ofrece una visión del mercantilismo como punto de despegue del capitalismo, gracias a las intervenciones sobre las manufacturas. Este capítulo es el primer reflejo de la desconexión del libro con una visión de la Política Económica como disciplina, porque el abanico de propuestas que se exponen se centra en exceso en los mercantilismos británico y francés, partiendo de las críticas de Smith a estas aportaciones. Entre las corrientes mercantilistas se incluye de forma arriesgada el cameralismo, indistintamente a las diferencias de contextos históricos y al papel primordial del Estado que concedían los autores de habla germana entre los siglos XVI y XVIII (p. 38). Durante ese periodo se gestaron las bases fundamentales de la Política Económica, sobre todo, a través de las ciencias policiales (Polizeiwissenschaft) y las finanzas públicas (Finanzwissenschaft) desarrolladas en el siglo XVIII. Esta génesis se erigió en la fase madura del cameralismo de la mano de J. H. G. von Justi y J. von Sonnenfels esencialmente. Sin embargo, esta relación es obviada en el texto, dejando al cameralismo como una aportación residual; cuando el realismo y la aplicación de medidas estatales para el crecimiento económico caracterizaron las monarquías de los estados prusianos. De hecho, también se soslaya en la obra la dimensión alcanzada por el proceso de institucionalización académica de las ciencias camerales que inició un proceso acumulativo de creación de cátedras. De esta forma, a finales del siglo XIX, se habían constituido en la zona germana al menos 12 cátedras de ciencias camerales, en contraste, con las tres de economía política que se habían creado en Reino Unido (en Cambridge, Liverpool y Manchester, ocupadas por Marshall, Gonner y Flux), tal y como afirma Keith Tribe. Con ello, se aprecia el predominio del pensamiento alemán de economía política por encima del británico.

En el capítulo 4, se comenta que la Fisiocracia propuso el impôt unique como reforma fiscal para modernizar la agricultura, aunque fracasó por la resistencia de las élites. El capítulo 5 clasifica a Malthus y Ricardo como autores post-smithianos, quienes atribuyeron causas individuales a la pobreza, para apoyar la New Poor Laws, que restringía el intervencionismo sobre la pobreza, apostando por políticas de fomento de las instituciones de ahorro. En la relación de Marx con la política económica, de la cual se ocupa el capítulo 6, se destacan los cercamientos y la legislación laboral para restringir la jornada laboral, erigiéndose como logros para la clase trabajadora, pero que terminaron por acelerar la concentración de capital. De los marginalistas y los neoclásicos, sobre todo, de Walras y Marshall se ocupa el capítulo 7, derivando las políticas de defensa del libre comercio, el establecimiento del patrón oro y la limitación de la intervención estatal a los casos de aparición de externalidades.

Tal y como hemos comentado, la Política Económica como disciplina se menciona en el capítulo 8 cuando se apunta que Karl H. Rau dedicó un libro entero a la Política Económica dentro de su Manual de Economía Política (Lehrbuch der Politischen Ökonomie, 1826-1832) en el siglo XIX (p.124). Lo singular de la visión que ofrece el capítulo es que limita la contribución que realizó Rau a la Política Económica, pues no se le concede el título de disciplina independiente porque se asigna a este autor el papel de simple mediador de las doctrinas de Smith, Ricardo, Malthus y Say (p.123). Es en este punto en el que se vislumbra con mayor intensidad el descuido de la Política Económica como disciplina a lo largo de toda la obra. Como consecuencia se incurre en la misma idea presentada en la introducción, según la cual el origen del campo académico supuestamente se produjo después de la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, ya en el siglo XIX, el objetivo de Rau en su Política Económica Nacional (Grunsätze der Volkswirtschaftspolitik, 2ª ed. 1839: 6) era elevar la Política Económica al rango de “reflexión científica”, en línea con renovar las ciencias camerales (Rau, 1825:2). En este sentido, lo expuesto por Hagemann, Drakopoulos y Katselidis se enfrenta al hecho de que Rau fue el sistematizador de la Política Económica como disciplina, iniciando un legado que pasaría a la Escuela Histórica Alemana. Adicionalmente, desde la visión de Hagemann se exagera la importancia de la obra de Smith en el pensamiento alemán de Rau, cuando la penetración de la economía política clásica en la zona germánica no perturbó lo más mínimo el avance de la visión intervencionista del Estado, asociada al cameralismo y convertida en Política Económica a partir de Rau.

Además, el capítulo solo se centra en cuatro aportaciones del historicismo alemán en términos de medidas de política económica: la política social, la fiscal, la comercial y la monetaria. No obstante, autores como Roscher, Wagner, Schmöller o Conrad no solo siguieron a Rau en el desarrollo de la disciplina de la Política Económica y en la adopción de la estructura de su Manual, sino que propusieron tanto medidas estructurales como fiscales-hacendísticas. En concreto, abarcaron políticas agrarias, industriales, comerciales, de transporte, de circulación monetaria, de infraestructuras, de consumo y, por último, sociales.

Seguidamente, se describe que los institucionalistas (Commons, Mitchell, Lescohier, Leiserson y Slichter, entre otros) destacaron factores no mercantiles en los salarios y el empleo, promoviendo políticas laborales como las agencias de empleo, la formación vocacional, el apoyo de la seguridad social o el salario mínimo. De la Escuela Austríaca se ocupa el capítulo 10, enfoque desde el que se defendió la libertad individual, la propiedad privada y se criticó la intervención estatal por su ineficiencia. Pasando a los capítulos 11 y 12, se arguye que Keynes combinó teoría y práctica para guiar la política económica, defendiendo reformas monetarias internacionales y la política fiscal activa para estimular la demanda. A pesar de ello, se incurre en la identificación de la política económica con el keynesianismo. Una argumentación muy discutible si tenemos en cuenta que Keynes no dedicó en su obra espacio a las políticas estructurales, que sí estaban presentes en el legado alemán, porque su teoría en realidad consistía en que el gasto público es una vía para apoyar el consumo privado y así estimular la demanda efectiva.

Por último, los capítulos 13, 14 y 15 se encargan de conectar los enfoques heterodoxos de posguerra, que ampliaron el papel del Estado frente a los postulados de la Escuela de Chicago, centrándose en el Estado del Bienestar, la Teoría Monetaria Moderna y la Economía del Comportamiento. Con ello se llega a la crisis de 2007 y a la pandemia del 2020, en las que se ha producido una revitalización de la política fiscal activa, en oposición a la austeridad y sirviéndose del enfoque expansivo frente a retos como la crisis medioambiental.

En síntesis, la obra resulta omnicomprensiva y plural en cuanto baraja enfoques ortodoxos y heterodoxos desde la antigüedad hasta la actualidad, tratando medidas de política económica en todos sus capítulos. A pesar de ello, la obra no llega a ofrecer una visión completa entre pensamiento económico, medidas económicas y Política Económica como disciplina. Queda pendiente contextualizar el origen de la Política Económica en el pensamiento alemán del siglo XIX, lo que pasa por profundizar tanto en el cameralismo como en la obra de Karl H. Rau. Un factor al que se suma, en los últimos capítulos, cierta desconexión de nuevos enfoques de política económica, como por ejemplo: los asociados a autores como Thomas Piketty o Mariana Mazzucato, así como las experiencias de planificación indicativa.

 



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