Noticias 52 – 4
Noticias de la Red de Investigadores y Docentes en Política Económica (REDIPE)
Desde la Red de Investigadores y Docentes de Política Económica (REDIPE) (redipe@uah.es) se apuesta por la divulgación. Periódicamente, REDIPE anima a los lectores de Noticias de Política Económica a enviar trabajos de los que tengan información y consideren de interés tanto para la Política Económica como para su difusión a través de la Red. En esta ocasión, nos encontramos ante un momento crucial de redefinición de la política económica global. La transición del antiguo «Consenso de Washington» hacia un paradigma que prioriza la resiliencia y el bienestar humano queda plasmada en las siguientes agrupaciones temáticas que recogen las visiones de destacados expertos actuales.
En un primer bloque centrado en los nuevos paradigmas y principios económicos para el siglo XXI, Besley y Velasco proponen la transición hacia un «Consenso de Londres» basado en la cohesión social y la lógica de que el Estado debe actuar como asegurador y creador de mercados ante choques sistémicos. Sin embargo, advierten que no existen recetas universales y que la política debe ser sensible a las historias locales para no caer en la parálisis. Complementando esta visión, Mazzucato y Merling sostienen que instituciones como el Banco Mundial deben abandonar la simple corrección de «fallos de mercado» para pasar a «moldear mercados» mediante misiones estratégicas en salud y clima. No obstante, señalan como limitación que las arquitecturas institucionales actuales siguen siendo demasiado sectoriales para desafíos que son inherentemente sistémicos. Por su parte, Michael Spence subraya que, aunque las ideas de Adam Smith sobre la mano invisible siguen siendo útiles, el Consenso de Washington fracasó al ser un modelo demasiado orientado a la experiencia latinoamericana, ignorando las claves del éxito asiático. El artículo de Edmund Phelps refuerza la importancia del dinamismo y la innovación «desde abajo», proponiendo una defensa del capitalismo frente al corporativismo. Su principal advertencia es que el proteccionismo, bajo cualquier forma, termina por hundir la productividad nacional.
En lo que respecta al eje sobre estabilidad macroeconómica y riesgos financieros globales, Carstens et al. plantean la tesis de que se gesta una «tormenta financiera perfecta» debido al auge de la banca en la sombra y la deuda pública masiva. Proponen crear mecanismos de liquidez prediseñados para instituciones no bancarias, pero reconocen que la falta de voluntad política coordinada internacionalmente es la mayor barrera para su implementación. En una línea similar, Imam y Poghosyan explican que la divergencia inflacionaria post-COVID no es accidental, sino que responde a las historias inflacionarias previas de cada país. Sugieren que la política monetaria debe centrarse en el anclaje de expectativas, aunque admiten que el «aprendizaje vivido» por la población limita severamente la eficacia de los regímenes formales de objetivos de inflación. Dambisa Moyo añade a este debate la preocupación de que la democracia pueda estar fallando en generar crecimiento sostenible en un entorno de tensiones geopolíticas que presionan los precios al alza.
El tercer grupo aborda la innovación tecnológica, la inteligencia artificial (IA) y el futuro del crecimiento. Aghion y Van Reenen defienden que el crecimiento verde requiere procesos de «destrucción creativa» apoyados por el Estado para romper la dependencia de tecnologías fósiles. Su limitación principal reside en que las empresas dominantes pueden usar su poder político para bloquear la entrada de nuevos innovadores. Acemoglu et al. presentan una tesis disruptiva: el uso excesivo de IA generativa podría provocar un «colapso del conocimiento humano» al sustituir el esfuerzo de aprendizaje. Proponen regular la precisión de la IA mediante límites o «ruido» informativo para preservar el incentivo humano al descubrimiento, aunque notan que el sistema es frágil si el stock inicial de conocimiento general es bajo. Paralelamente, Barhoumi et al. (FMI) abogan por marcos de gobernanza que incluyan a la sociedad civil para gestionar la transición hacia la IA, advirtiendo que el reentrenamiento laboral puede no ser una solución fiable si las ocupaciones objetivo desaparecen rápidamente.
En un cuarto bloque sobre cohesión social, el Estado de bienestar y el trabajo, Francisco Ferreira sostiene que las desigualdades son multidimensionales y se refuerzan entre sí. Propone políticas de «pre-distribución», como la inversión en la infancia, aunque reconoce que todavía no sabemos cómo romper de forma duradera el ciclo de transmisión intergeneracional de la desventaja. Nicholas Barr redefine el Estado de bienestar como un sistema de eficiencia para cubrir riesgos que el mercado ignora, sugiriendo un modelo de «mosaico» en la intervención estatal. Su limitación es que la optimización de este sistema depende de una capacidad administrativa y actitudes sociales que no todos los países poseen. En el ámbito laboral, Christopher Pissarides enfatiza que la tecnología no elimina el trabajo pero exige transiciones asistidas. Señala como escollo que aún hay muy pocos datos reales sobre el uso de IA en la producción para diseñar políticas precisas. La Comisión Europea introduce aquí el concepto del «derecho a quedarse», proponiendo inversiones en servicios básicos rurales para combatir la despoblación. Su mayor obstáculo es que la inercia demográfica y las disparidades económicas regionales suelen persistir incluso con migración neta cero.
Finalmente, el eje sobre comercio internacional y autonomía estratégica se abre con el texto de Dave Donaldson, quien reafirma las ganancias de eficiencia del comercio libre pero advierte sobre sus «dolores concentrados» en comunidades locales. Propone compensaciones basadas en el lugar, aunque admite la dificultad de cuantificar los efectos agregados debido a la volatilidad de los choques. Ricardo Hausmann argumenta que los países deben buscar el crecimiento a través de productos de alta complejidad tecnológica. Propone un proceso de «autodescubrimiento» apoyado por el Estado, advirtiendo que las políticas horizontales agnósticas a la industria suelen ser inadecuadas frente a fallos de mercado específicos. Como ejemplo aplicado, el informe de BBVA Research destaca el Acuerdo UE-Mercosur como una pieza clave para la autonomía estratégica de España, asegurando el suministro de materias primas críticas. No obstante, señalan que sectores agrícolas europeos sensibles podrían enfrentar una competencia que el propio tratado intenta mitigar mediante salvaguardias limitadas.
Un último texto, que merece una consideración a parte, es el que, con motivo de su fallecimiento el pasado 15 de abril, resalta la figura del profesor Robert Skidelsky, considerado como el principal biógrafo y conocedor de J.M. Keynes. En concreto, Robert Skidelsky sostenía que el futuro es esencialmente incognoscible y el dinero un refugio psicológico ante la incertidumbre. En este sentido, proponía recuperar la inversión pública y crear una moneda de reserva internacional («bancor») para equilibrar el comercio, aunque reconoció que la fragilidad de las convenciones sociales y la resistencia política de las grandes potencias limitaban estas reformas globales.




